Hablemos de un tema que quizá nadie ha tocado contigo claramente, pero que es importante que abordemos juntas con una taza de té: los primeros cambios en tu cuerpo que podrían indicar que estás entrando en la perimenopausia.
Primero, aclaremos algo importante: la perimenopausia es esa etapa previa a la menopausia en la que tu cuerpo comienza a hacer ajustes hormonales importantes, especialmente con los niveles de estrógeno y progesterona. Recuerda que el estrógeno ayuda a algunas funciones como regular el ciclo menstrual, mantener la salud ósea, la elasticidad de la piel y la lubricación vaginal. La progesterona, por su parte, ayuda a equilibrar el sistema nervioso, favorece el sueño y tiene un efecto calmante sobre el estado de ánimo.
Las fluctuaciones en estas hormonas pueden empezar tan pronto como a finales de tus treinta o principios de los cuarenta, y durar varios años antes de alcanzar la menopausia (recuerda que hablamos de menopausia cuando ha pasado más de un año sin que venga tu período sin otra causa que explique porque no te viene).



¿Cuáles son esos primeros síntomas físicos comunes?
- Irregularidad menstrual: Tus ciclos podrían volverse más cortos, más largos o completamente impredecibles.
- Sofocos o calores repentinos: De pronto sientes un calor que sube por tu cuerpo, seguido por enrojecimiento y sudoración.
- Sudoración nocturna: Despiertas empapada en sudor, interrumpiendo tu sueño.
- Cambios en el peso corporal: A pesar de mantener una dieta equilibrada, notas cambios en cómo se distribuye tu peso, especialmente alrededor del abdomen.

Pero hay otros síntomas menos conocidos que también podrías experimentar:
- Niebla mental (brain fog) o dificultad para concentrarte: Sentirte distraída, olvidar cosas simples o perder fácilmente el hilo de las conversaciones.
- Palpitaciones cardíacas: Aunque esto puede asustarte, las palpitaciones breves y esporádicas pueden aparecer debido a cambios hormonales.
- Sequedad vaginal y molestias íntimas: Esto ocurre porque el descenso de estrógeno afecta la lubricación y elasticidad de los tejidos vaginales.
Y emocionalmente, ¿qué está pasando?
Estos cambios no se limitan solo al cuerpo físico. Es normal experimentar:
- Cambios bruscos de humor: Puedes sentirte alegre un momento y al siguiente, profundamente triste o irritada.
- Ansiedad y preocupación excesiva: Incluso si no tenías tendencias ansiosas antes, podrías notar que ahora reaccionas con más ansiedad ante situaciones cotidianas.
- Tristeza o depresión leve: Algunas mujeres sienten una profunda melancolía que no logran entender del todo, llevándolas a pensar que algo está mal con ellas mismas.
Queremos decirte claramente: ¡no estás “perdiendo el control”! Todos estos síntomas tienen una base científica clara. Según estudios médicos recientes, los desequilibrios hormonales pueden influir directamente en la química de tu cerebro y afectar tu estado de ánimo y emociones.
¿Qué puedes hacer para manejar estos síntomas?
Te comparto algunos consejos prácticos para empezar a cuidarte desde ya:

Mantén un registro de tus síntomas:
Anota cómo te sientes diariamente para identificar patrones y compartirlos con un especialista.
Prioriza el autocuidado emocional:
Prácticas como yoga, meditación, oración o simplemente dedicar tiempo para ti pueden reducir significativamente los efectos emocionales de la perimenopausia.


Ejercicio moderado, constante y entrenamiento muscular:
Actividades como caminar o nadar no solo ayudan a mantener el peso, sino que, pueden mejorar tu humor y tu sueño. Además, debido a la pérdida de masa muscular, también es importante incorporar ejercicios con pesas para fortalecer tus músculos.
Habla con un profesional:
No dudes en buscar asesoría de un médico o profesional especializado para recibir apoyo personalizado y oportuno.

No estás sola, estamos juntas en esto.
Recuerda, cada mujer experimenta esta etapa de manera diferente. Este blog nace como un espacio de comunidad, para que entre mujeres entendamos mejor lo que ocurre en nuestros cuerpos y emociones, y podamos contar con herramientas útiles que nos ayuden y preparen para estos cambios. No hay por qué temer a esta etapa; la clave está en cómo nos preparamos y afrontamos juntas este camino.
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