¿Alguna vez has sentido ese calor repentino que sube desde el pecho hasta la cara, acompañado de sudor y una sensación de que todos a tu alrededor lo notan? Sí, los famosos bochornos o calores. Y aunque son muy comunes durante la perimenopausia y menopausia, pocas veces se habla de ellos con naturalidad… y mucho menos sin un toque de vergüenza.

¿Qué son y por qué ocurren?
Los bochornos o calores son, en pocas palabras, una reacción acelerada y exagerada de tu cuerpo para “enfriarse”. De repente empiezas a sudar, la piel se enrojece porque los vasos sanguíneos se dilatan, y sientes un calor interno muy intenso. Esto se debe en parte, pero no exclusivamente, a los cambios hormonales, especialmente la disminución del estrógeno, pero también influye que el sistema nervioso simpático (el que activa respuestas rápidas en tu cuerpo) está más activo y reacciona con más intensidad. Esto hace que el termostato interno se vuelve mucho más sensible, y cualquier cambio lo pone en alerta.
En pocas palabras, tu cuerpo interpreta que tiene “demasiado calor” aunque no sea así, y responde como si necesitara enfriarse de inmediato: dilata vasos sanguíneos, aumenta el flujo de sangre a la piel y provoca sudor. El resultado: calor, rubor, sudor… y muchas veces, incomodidad social.

La vergüenza que nadie te contó
Lo que muchas no dicen es que los bochornos no solo son físicos; también afectan emocionalmente. Es fácil sentirse incómoda cuando ocurren en medio de una reunión de trabajo, en una cena con amigos o incluso durante una presentación importante. Esa incomodidad puede llevarnos a querer ocultarlos, minimizarlos o incluso evitar ciertas situaciones por miedo a “pasar pena”.
Pero la verdad es que no hay nada que esconder. Los bochornos no son un “fallo” de tu cuerpo, sino una respuesta natural a una etapa de cambios. Lo que sí puedes hacer es aprender a manejarlos para que no controlen tu día.
Estrategias para vivirlos con menos incomodidad

1. Identifica tus detonantes
Café, alcohol, comidas muy picantes, espacios muy calurosos o incluso el estrés pueden aumentar la frecuencia o intensidad de los bochornos. Llevar un registro te ayudará a notar patrones y a tomar decisiones más conscientes.
2. Viste por capas y usa telas transpirables
La ropa ligera y en capas te permitirá adaptarte rápido si sientes que viene un bochorno. Las telas como algodón o lino ayudan a que la piel respire y el sudor se evapore más rápido.


3. Practica técnicas para regular el estrés
El estrés es un gran amplificador de bochornos. Respiración profunda, meditación o pausas activas durante el día pueden ayudarte a prevenir o reducir su intensidad.
4. Ten un “plan B” para esos momentos
Un abanico plegable en la cartera, una botella de agua fría o un pañuelo pueden marcar la diferencia cuando estás en público y sientes que el calor empieza.


5. Consulta con tu médico sobre opciones de manejo
Desde cambios en el estilo de vida hasta tratamientos médicos, existen opciones respaldadas por la ciencia para reducir la frecuencia y severidad de los calores.
Vivirlos sin esconderte
Aceptar que los bochornos son parte de esta etapa no significa resignarte a vivir incómoda. Significa darte permiso de escucharte, cuidarte y buscar estrategias que funcionen para ti. No necesitas taparlos con excusas ni aislarte para evitarlos; al contrario, hablarlo y normalizarlo es parte de quitarnos ese peso de encima.
En Viya, creemos que esta etapa puede vivirse con dignidad, humor y herramientas prácticas. Y si hoy los bochornos te incomodan, recuerda que no definen quién eres ni limitan lo que puedes hacer.







Leave a comment