¿Te ha pasado que intentas hacer tu rutina de ejercicio habitual y sientes que te cuesta el doble? ¿O piensas “¿por qué mi cuerpo ya no reacciona igual que antes”?
Esa sensación de que tu cuerpo “ya no coopera” puede ser desconcertante, pero es más común de lo que crees. Y no, no es falta de fuerza de voluntad ni un “me estoy rindiendo”. Es tu cuerpo adaptándose a una nueva etapa.

Lo que está pasando por dentro
Durante la perimenopausia, los niveles de estrógeno, progesterona y otras hormonas fluctúan constantemente. Esos cambios afectan mucho más que tu ciclo menstrual: influyen en tu metabolismo, tu masa muscular, tu energía, tu descanso e incluso en cómo tu cuerpo responde al estrés.
- El metabolismo se desacelera. Quemar calorías se vuelve más difícil y, aunque comas igual, puedes notar un aumento de peso, especialmente en el abdomen.
- La masa muscular disminuye. Esto no solo afecta tu fuerza, sino también tu capacidad para mantener un metabolismo activo.
- El sueño se altera. Dormir mal interfiere con la recuperación física y emocional.
- El cortisol aumenta. Este “compañero del estrés” puede hacer que te sientas agotada, ansiosa o con dificultad para concentrarte.
Tu cuerpo está reajustándose. Y eso requiere una nueva forma de cuidarlo.


Escuchar, no exigir
Durante años, muchas aprendimos a relacionarnos con el cuerpo desde la exigencia: “debería aguantar más”, “tengo que verme como antes”, “no puedo parar”.
Pero este momento es una invitación a cambiar esa narrativa. Escuchar en lugar de forzar. Adaptar en lugar de resistir.
A veces, descansar es más productivo que exigirte.
A veces, moverte con amabilidad te hace avanzar más que una rutina intensa.
Qué puedes hacer para sentirte mejor
No se trata de resignarte, sino de redescubrirte con las herramientas adecuadas:

1. Haz las paces con tu energía.
No todos los días tendrás la misma fuerza o motivación. Planifica tus actividades según tus ciclos de energía: hay días para brillar y otros para recargar.
2. Prioriza el entrenamiento de fuerza.
Levantar pesas (aunque sean ligeras) es una de las mejores formas de contrarrestar la pérdida muscular y mejorar tu metabolismo. No necesitas estar en un gimnasio para hacer esto, puedes tener tus pesas en casa o, si no tienes, usar cosas sencillas como botellas con agua o una mochila con libros.


3. Cuida tu descanso.
Dormir bien no es un lujo: es medicina para tu sistema hormonal. En esta etapa el cuerpo pide dormir un poco más y está bien.
4. Alimenta tu cuerpo, no lo castigues.
Incluye proteínas de calidad, ya se de origen animal (como pescados, huevos, yogur griego natural, leche, entre otros) o de origen vegetal (como soya, legumbres, cereales integrales), incluye grasas saludables (aceite de oliva, aguacate, nueces) y alimentos reales como frutas y verduras, y evita alimentos altos en azúcares y que vienen empacados (galletas, frituras, entre otros). Evita las dietas extremas; tu cuerpo necesita estabilidad, no más estrés.


5. Trátate con compasión.
No estás “perdiendo” tu cuerpo, se está transformando en algo bello, estás conociendo una nueva versión de él.
💜 Estamos en esto juntas
Reconocer que tu cuerpo se está transformando no es un signo de debilidad, es una señal de madurez y sabiduría. Significa que estás más atenta, más consciente y dispuesta a cuidar de ti desde un lugar diferente. Ese cuidado puede prepararte para que te sientas con mucha más energía y vitalidad en esta etapa, e incluso puede que te sientas mejor de cómo te sentías en tus veintes.
En Viya, creemos que esta etapa no se trata de volver a ser la de antes, sino de convertirte en una versión más completa y en paz contigo misma.







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