Fatiga, inflamación, digestión lenta: cómo adaptarte

¿Te ha pasado que antes podías con todo, pero ahora te sientes más cansada, hinchada o con el estómago pesado… sin haber cambiado tanto tu rutina?
Esa sensación de que tu cuerpo “no responde igual” puede ser frustrante, especialmente cuando estás haciendo todo “bien”: comes saludable, duermes lo mejor que puedes, te mueves… y aun así, la energía no vuelve del todo

Lo que ocurre detrás de escena

Durante la perimenopausia, las hormonas que antes mantenían el equilibrio, como el estrógeno y la progesterona, empiezan a fluctuar de manera impredecible. Esas variaciones no solo afectan tu ciclo menstrual, también influyen en tu metabolismo, tu digestión, tu sueño y hasta en cómo tu cuerpo maneja el estrés.

Cuando los niveles de estrógeno bajan, el metabolismo tiende a hacerse más lento. Eso significa que quemas menos energía, y es más fácil sentirte agotada incluso sin hacer grandes esfuerzos.

A la vez, el intestino también se ve afectado, las hormonas regulan la motilidad digestiva (el movimiento de los alimentos a lo largo del sistema digestivo), y al disminuir, ese proceso se vuelve más lento. De ahí vienen la sensación de hinchazón, digestiones pesadas o estreñimiento ocasional.

Por otro lado, el cuerpo puede entrar en un estado de inflamación leve pero constante, lo que se conoce como inflamación de bajo grado. No se ve como un golpe o una hinchazón evidente, pero sí se siente: ese cansancio que no entiendes, rigidez o una ligera sensación de hinchazón. En pocas palabras, tu cuerpo está trabajando de más por dentro, aunque tú lo percibas como que todo va más lento.

Fatiga: cuando el cuerpo pide una pausa, no una exigencia

La fatiga en esta etapa no siempre se resuelve con dormir más o tomar café. Es un cansancio más profundo, a veces difícil de explicar, que puede mezclarse con desánimo o falta de enfoque.
Sucede porque el sistema hormonal, nervioso y digestivo están en proceso de reajuste. Es como si tu cuerpo estuviera “actualizando su software” y, mientras tanto, algunas funciones ya no responden con la misma rapidez que antes.

Por eso, la solución no es forzarte, sino adaptarte.
Tu cuerpo no necesita más presión, sino más comprensión.

Inflamación: el ruido silencioso que agota

La inflamación en la perimenopausia suele ser sutil, no siempre se nota, pero puede reflejarse en hinchazón, sensibilidad muscular o incluso niebla mental. Esta “niebla” es esa sensación de tener la mente dispersa, con dificultad para concentrarte o recordar cosas simples.

Parte de esto ocurre porque el estrógeno, además de ser una hormona sexual, tiene un efecto antiinflamatorio natural. Al disminuir, el cuerpo pierde parte de esa protección, y es más fácil que se acumule inflamación en tejidos, articulaciones o incluso en el intestino.

Lo positivo es que puedes ayudar a tu cuerpo a equilibrar ese proceso a través de tu estilo de vida: desde cómo te alimentas hasta cómo manejas el estrés.

Digestión lenta: una señal para bajar el ritmo

Muchas mujeres notan que alimentos que antes toleraban bien ahora “caen pesados”. La digestión se vuelve más lenta, los gases aumentan y la sensación de pesadez aparece con más frecuencia.
Esto no significa que tu sistema digestivo esté fallando, sino que tu cuerpo necesita más apoyo para procesar los alimentos. Comer con calma, masticar bien, reducir la velocidad de las comidas y priorizar alimentos frescos y reales puede marcar una gran diferencia. También ayuda incluir alimentos ricos en fibra, proteínas de calidad y grasas saludables como las del aguacate, el aceite de oliva o las semillas. Todo esto también nutre a tu microbiota, las bacterias beneficiosas que viven en el intestino y que apoyan la digestión, el estado de ánimo y la energía.

Cómo adaptarte con amabilidad

No hay una receta única, pero sí hay pequeñas decisiones que pueden transformar cómo te sientes día a día:

  1. Muévete sin agotarte. Caminar, nadar o practicar yoga puede ayudarte a reducir inflamación y mejorar la digestión sin sobrecargar el cuerpo.
  2. Entrena fuerza. Levantar pesas (aunque sean ligeras) mantiene tu masa muscular y apoya tu metabolismo.
  3. Descansa de verdad. No subestimes el poder de un buen sueño. Es cuando tu cuerpo se repara, regula hormonas y limpia desechos celulares.
  4. Elige alimentos que calmen, no que inflamen. Frutas, verduras, legumbres, pescado, nueces y semillas son tus aliados.
  5. Respira y baja el ritmo. El estrés sostenido eleva el cortisol, y eso agrava tanto la inflamación como la fatiga.

Estás aprendiendo a vivir en otro ritmo

La perimenopausia no es una etapa de pérdida, sino una oportunidad para reconectar contigo misma.

Tu cuerpo te invita a descubrir una nueva manera de funcionar: más consciente, más equilibrada y más en sintonía con lo que realmente necesitas.

Escucharlo es una forma de honrar tu evolución y abrir espacio a una versión más plena de ti.

En Viya, creemos que adaptarte no significa rendirte, sino aprender a cuidarte con más conciencia y compasión.
Porque cuando entiendes lo que pasa dentro de ti, dejas de luchar contra tu cuerpo… y empiezas a caminar con él.

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