Cuando el cuerpo cambia, la relación también lo siente

A veces la desconexión no empieza con una discusión. Empieza con cosas pequeñas:
Un comentario que antes se te resbalaba y ahora te lastima.
Un abrazo que llega tarde y no sabes por qué te duele tanto.
Una noche en la que duermes mal… y al día siguiente todo se siente “demasiado”.
La perimenopausia tiene esa habilidad: remueve emociones que estaban tranquilas y activas inseguridades que no sabías que seguían ahí.
Y aunque parezca contradictorio, no es un momento para alejarte, sino un momento para ser más honesta.
Antes de mirar la relación, mírate a ti

Antes de plantearte los peores escenarios, empieza por responder las siguientes preguntas con total honestidad:
- ¿Estoy más reactiva porque algo real está pasando… o porque estoy más sensible?
- ¿Mis emociones se intensificaron solo con mi pareja o en otras áreas también?
- ¿Me he sentido sostenida últimamente? ¿Por mí misma? ¿Por el ritmo de mi vida?
A veces la desconexión no es “de pareja”.
Es interna.
Y cuando tú empiezas a respirar mejor, la relación también lo hace.
Lo que tu pareja no ve (pero te está afectando)

Durante la perimenopausia, tu sistema hormonal cambia sin pedir permiso:
- tu tolerancia al estrés baja
- tu paciencia se acorta
- tu deseo sexual fluctúa
- tu sistema nervioso está más alerta
- tus emociones llegan más rápido y se van más lento
Esto no te hace “inestable”. Te hace humana en un momento de transición.
Y esta transición se siente en la relación… incluso cuando tu pareja no entiende qué está pasando.
Cambios pequeños que abren puertas grandes
No necesitas grandes gestos románticos.
Solo pequeños ajustes que vuelven a alinearlos.
Te dejo 3 cosas que podrías poner en práctica, es una lista corta de gestos poderosos pero simples.

1. Reset emocional de 3 minutos
Cuando estés cargada, antes de hablar:
- aléjate un momento
- respira hondo
- colócate una mano en el pecho
- di internamente: “Estoy a salvo, puedo pausar”
Esto evita discusiones que no pertenecen a la relación, sino a la intensidad hormonal del momento.
2. Una conversación honesta, pero ligera
No un sermón.
No un “tenemos que hablar”.
Algo así:
“Estoy pasando por muchos cambios. No quiero que lo tomes personal. A veces necesito un abrazo y a veces un poquito de espacio. Quiero que lo caminemos juntos.”
Corto, claro, humano.


3. Recuperar un ritual de pareja
Elige uno:
- un café juntos en la mañana
- acostarse a la misma hora
- salir a caminar 10 minutos
- su serie favorita sin teléfonos
- un abrazo largo al final del día
No es la actividad, es la constancia.
El cerebro siente seguridad en los rituales.
4. Crear un lugar sin juicios
Propón un acuerdo:
5 minutos al día para decir cómo están, sin soluciones, sin culpas.
Solo presencia.
Este tipo de espacios reconstruyen complicidad.


5. Reconectar desde tu cuerpo, no desde el desempeño
La intimidad cambia.
La respuesta sexual cambia.
La energía cambia.
Eso no significa que la conexión se pierde.
Prueba:
- contacto físico sin intención sexual
- masajes
- caricias lentas
- abrazos de 20–30 segundos
- momentos de cercanía sin presión
Cuando el cuerpo se siente seguro…
el deseo vuelve.
La conexión vuelve.
Y el vínculo se fortalece.
Y si necesitas un poquito más, responde estas preguntas que te ayudarán a reencontrarte:
- ¿Qué gesto pequeño me hacía sentir amada y ya no hacemos?
- ¿Qué necesito de él… y qué necesito de mí?
- ¿Qué podría pedir con más claridad en esta etapa?
Responder esto ya es un acto de reconexión.
Este no es el fin de la conexión. Es el inicio de otro tipo de amor.
La perimenopausia mueve, remueve, sacude… pero también abre puertas nuevas:
Más comunicación,
más honestidad,
más ternura,
más autoconciencia,
más profundidad.
Tu relación no necesita “volver a ser la de antes”.
Necesita aprender a ser la de ahora.
Y eso, aunque a veces duela,
también es precioso y vale la pena.
En VIYA estamos contigo.
Siempre.







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