Diseñar un ritual matutino que te haga sentir viva

Hay mañanas que empiezan antes de que abras los ojos.
No porque te hayas levantado, sino porque la mente ya comenzó a correr.

Los pendientes, el cansancio, la inflamación, la falta de sueño, la sensación de que el día va más rápido que tu… todo eso se cuela en el cuerpo antes de que pongas los pies en el suelo.

Durante la perimenopausia, esta experiencia se vuelve más común de lo que admitimos.
No es por pereza o por falta de disciplina, son los cambios hormonales, es biología.

Tu sistema hormonal despierta distinto, y por eso tu cerebro procesa distinto, y es ahí donde un ritual matutino se vuelve importante… no como una lista rígida de pasos, sino como una forma de regresar a ti antes de entregarte al mundo.

La mañana como lugar de transición, no de rendimiento

Por años aprendimos a despertar “haciendo”, levántate rápido, báñate, apúrate, produce, contesta, resuelve… pero esta etapa de la vida necesita transiciones suaves.

Los cambios hormonales vuelven la mañana un momento vulnerable, el cortisol sube más rápido, la inflamación puede sentirse más fuerte, el sueño a veces no alcanza y la mente despierta con mil pestañas abiertas.

Por eso, un ritual matutino no es para volver productiva tu mañana, sino para ayudarte a entrar en tu día sin perderte a ti misma en el proceso.

Ritual es cualquier cosa que te recuerde que estás viva

Un ritual no tiene que verse perfecto ni durar mucho. Puede ser un gesto, un respiro, un momento.

Algo tan simple como sentarte en la orilla de la cama y notar tu respiración o tomar agua tibia antes del café. Abrir la ventana y dejar que entre aire fresco o escuchar tu cuerpo en vez de obligarlo a correr.

Muchas veces creemos que un ritual es una gran rutina espiritual, pero en realidad es una señal que le envía tu cuerpo a tu sistema nervioso diciendo “puedo empezar el día con calma.” Eso es suficiente para cambiar el tono de toda tu mañana.

Elegir cómo quieres sentirte antes de elegir qué tienes que hacer

En esta etapa, la intención pesa más que la agenda.
Decidir cómo quieres moverte ese día, con más paciencia, con más presencia, con más suavidad, esto te ayuda a dirigir tu energía en lugar de dejar que se disperse.

Recuerda que no es un compromiso rígido; es más cómo una declaración interna: “hoy quiero tratarme mejor”, “hoy quiero hacerme compañía en vez de exigirme.”

La intención no cambia tu día de inmediato, pero cambia la forma en la que transitas tu día.

Pequeños anclajes que sostienen tu mañana

Un anclaje es un gesto simple que te hace sentir conectada, puede ir desde sostener una taza tibia con ambas manos, estirarte un minuto, sentir tus pies en el suelo, poner música suave mientras te vistes, respirar profundo mientras te peinas hasta incluso agradecer por algo sencillo.

No necesitas que sea perfecto, solo debes encontrar con que te sientes más cómoda.

Tu ritual puede durar tres minutos o diez, más que el tiempo es tu intención y comodidad. Hacer esto puede cambiar según tu energía, o bien puede ser diferente cada día. La clave es que te haga sentir presente, despierta y consciente, aunque el resto del día siga siendo caótico.

La mañana no es el inicio del día, es el inicio de cómo te tratas.

Cuando tienes un ritual, aunque sea pequeño, tu mañana deja de sentirse pesada y empieza a sentirse tuya.

En esta etapa, donde tu cuerpo cambia, tu energía fluctúa y la vida exige tanto, que tener un ritual matutino no debe ser lujo sino una forma de autocuidado emocional.

Recuerda, no necesitas exigirte de más, necesitas conectar contigo. Y esa conexión, muchas veces, empieza al despertar.

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