
Hay días en los que te sorprende un reflejo en el vidrio del carro, el ángulo de una foto, la luz de la mañana entrando por la ventana mientras te arreglas. Y en un segundo aparece esa sensación extraña “No me reconozco del todo.”
No es vanidad, ni es superficialidad; es parte de vivir en un cuerpo que está cambiando mientras tú también cambias por dentro.
Durante la perimenopausia, el cuerpo habla distinto:
la piel se siente más fina, o más seca;
el abdomen se inflama con más facilidad;
la energía se mueve de otra manera;
los músculos responden más lento;
la forma cambia sin pedir permiso.
Y aunque entendemos el lado biológico… nadie nos preparó para el duelo emocional que viene con esos cambios.
Necesitas suavizar tu mirada
Lo que a veces duele no es “vernos distintas”, sino que seguimos usando los ojos, y los estándares, de una versión antigua de nosotras.
Una versión que vivía para complacer, para cumplir, para adaptarse, para “encajar”. Una versión que fue necesaria en su momento, pero que ya no te representa del todo.

Aprende a mirar tu cuerpo desde otro lugar
A veces la incomodidad no viene del espejo, viene de la historia que aprendimos a contar, que verse joven es “verse bien”, que verse igual es estar “estable”, que cambiar es “descuidarse”.
La autoestima empieza a sanar cuando dejamos de ver los cambios como una amenaza y empezamos a verlos como parte del camino que estamos recorriendo.
Es una transición que toca lo emocional (mucho más de lo que admitimos)
Las fluctuaciones hormonales pueden amplificar:
- la autocrítica
- la comparación
- la inseguridad
- la sensación de “ya no encajar”
- el miedo a no ser suficiente
Pero el problema no eres tú, es que sigues evaluándote con los estándares de una mujer que ya no eres. Y eso, duele.
Porque en esta etapa se junta la nostalgia de lo que fue con la incertidumbre de lo que viene.
¿Entonces… cómo reconstruyo mi autoestima?
No desde dietas, rutinas extremas o intentos desesperados por detener el tiempo.
La autoestima después de los 40 no es un proyecto estético, es un proyecto emocional.
Para trabajar en tu autoestima en esta etapa puedes implementar lo siguiente:
1. Cambia la forma en que te hablas, no la forma en que te ves

Tu diálogo interno determina tu experiencia interna. Si cada mañana te ves al espejo buscando defectos, tu cerebro se vuelve especialista en encontrarlos.
Si te repites:
- “¿Por qué ya no me veo igual?”
- “Me veo cansada.”
- “Estoy descuidada.”
- “Antes no tenía esto…”
Tu autoestima se erosiona desde adentro.
Pero si te dices:
- “Estoy cambiando, y está bien.”
- “Mi cuerpo me muestra una nueva versión de mí.”
- “No tengo que gustarle al mundo… tengo que sentirme en paz conmigo.”
Se abre un espacio emocional nuevo.
La autoestima se reconstruye desde la voz con la que te hablas cuando nadie te escucha.
Recuerda que tu cuerpo oye cada palabra que te dices y actúa en consecuencia.
2. Mira tu cuerpo desde el reconocimiento, no desde el juicio

Toma una pausa, respira, pon tu mano sobre una parte de tu cuerpo que ha cambiado, y pregúntate:
- ¿Qué ha vivido esta parte de mí?
- ¿Qué ha sostenido?
- ¿Qué ha sanado?
- ¿Cuántas veces me mantuvo de pie cuando yo quería rendirme?
Es difícil juzgar un cuerpo al que comienzas a reconocer.
Tu piel cambió, pero también cargó historias. Tu abdomen cambió, pero también sostuvo emociones, hijos, estrés, resiliencia. Tus ojos cambiaron, pero también han visto pérdidas, milagros, risas, decisiones.
Cuando lo miras desde lo vivido, deja de ser un “problema” y se convierte en un testimonio.
3. Honra lo que tu cuerpo aún puede (y lo que ya no quiere)

Quizá no quiere noches en vela, entrenos intensos o ritmos caóticos, quizá quiere descanso, fuerza, nutrición, calma.
El cuerpo cambia de prioridades, antes quería velocidad y hoy quiere presencia; antes toleraba excesos y hoy quiere equilibrio; antes podía con todo y hoy quiere ir a tu ritmo.
Esto no es un retroceso, es evolución biológica y emocional, y cuando empiezas a honrar lo que el cuerpo ya no quiere, el agotamiento crónico, la exigencia constante, la comparación diaria, te vuelves aliada de ti misma.
Mueve tu cuerpo sin castigarlo, aliméntalo con intención, no con culpa. Descansa cuando lo necesite, no cuando “te lo ganes”. El cuerpo cambia, pero también se vuelve más sabio sobre lo que sí le hace bien y acompañarlo en esa sabiduría es un acto de autoestima.
4. Suelta la versión antigua de ti, con amor

La autoestima se rompe cuando te quedas aferrada a una versión que ya cumplió su propósito. No se puede construir una nueva autoestima desde el duelo no resuelto de quien ya no eres.
Tal vez extrañas tus veintes o treintas…pero no extrañas el cansancio emocional de esa época, ni la inseguridad, ni la necesidad de encajar. Tampoco extrañas la eterna autoexigencia o el miedo a decepcionar.
Esa versión cumplió su propósito, pero ahora, tú necesitas una versión de ti que sostenga tu vida de hoy. Esa versión que viene ahora es más auténtica, más consciente y libre. Respeta la mujer en la que te has convertido.
5. Elige mirarte desde tu presente, no desde tu pasado

La autoestima se fortalece cuando tu mirada se queda en quién eres, en lo que quieres y en lo que estás viviendo hoy. No en la ropa que te quedaba hace 10 años o en la foto donde te gustabas tanto.
Hoy tienes más claridad, más paz, más fuerza interna, más límites y más conciencia.
Tu cuerpo cambió, sí, pero tú también cambiaste y en esa combinación hay una belleza nueva que merece ser vista.
Para adelante
Lo valioso de esta etapa no es “recuperar lo de antes”, sino descubrir quién eres hoy y qué necesita tu cuerpo ahora.
Reconstruir tu autoestima no se trata de regresar a una versión pasada, sino de avanzar hacia una relación más sana contigo misma.







Leave a comment