Hay momentos en la vida en los que el cuerpo empieza a hablar más fuerte.
No grita, pero tampoco susurra, sino que manda señales. Pequeñas, insistentes, sabias.
Por ejemplo, un cansancio que no se quita, una inflamación que aparece sin razón aparente, un dolorcito recurrente o una noche mal dormida que se convierte en muchas. Puedes verlo también a través de un ciclo irregular, un enojo que sube rápido, una tristeza que no sabes explicar o una mente que se acelera.
Y aunque a veces intentamos ignorarlo, el cuerpo no se da por vencido. Cuando no lo escuchamos… habla más fuerte.

Durante la perimenopausia esto se vuelve aún más evidente. No es que el cuerpo “se descomponga”, es que el cuerpo cambia de lenguaje. Lo que antes resolvía solo, ahora pide acompañamiento, lo que antes toleraba, ahora te muestra que ya no le hace bien. O bien, que lo que antes callaba, ahora necesita ser atendido.
Ignorar al cuerpo no es desinterés… es hábito
Las mujeres, durante décadas, aprendimos a funcionar priorizando, resolviendo, sosteniendo, aguantando y cumpliendo.
El cuerpo siempre se quedaba al final de la lista, “después descanso, después me relajo, después me checo o después escucho lo que siento.”
El problema es que el “después” empieza a pasarte la factura. Y el cuerpo, lejos de castigarte, solo intenta avisarte “necesito que me mires.”
¿Cómo habla un cuerpo que se siente ignorado?


A veces a través del cansancio, de la irritabilidad, a veces con niebla mental, otras veces con insomnio, con inflamación, con antojos intensos, con ansiedad o incluso con la sensación de “no soy yo”.
Es tu cuerpo pidiendo atención, porque está tratando de adaptarse a una etapa en la que todo, hormonas, emociones, metabolismo, ciclos, digestión, está cambiando.
El cuerpo habla cuando la mente va muy rápido
En esta etapa muchas mujeres viven en automático, responden correos, cuidan a otros, trabajan, cumplen, resuelven y al final del día descubren que su cuerpo pasó desapercibido.

Pero el cuerpo registra lo que la mente acelera. Cuando vas muy rápido emocionalmente, el cuerpo te ancla, cuando te desconectas de tus necesidades, el cuerpo te recuerda. Cuando le pedís más de lo que puede dar, el cuerpo se detiene, no como castigo, sino como protección.
Escuchar al cuerpo puede verse como:
- darte cinco minutos para respirar antes de seguir
- elegir un desayuno que te sostenga
- reconocer que estás cansada sin sentir culpa
- permitirte tener un día más lento
- ajustar tu entrenamiento porque tu energía cambió
- atender un síntoma en lugar de normalizarlo
- dar espacio a tus emociones sin juzgarlas


Tu cuerpo no quiere atención dramática, busca atención cotidiana
Tu cuerpo quiere que lo notes, que lo valides y que lo acompañes en esta etapa.
Quiere que dejes de pelearte con él y lo vuelvas aliado, que lo entiendas cuando te dice:
“Estoy cansada”
“Necesito dormir”
“Esto ya no me cae bien”
“No quiero tanta prisa”
“Necesito moverme”
“Necesito una pausa”
Cada señal es un acto de amor hacia ti, aunque a veces lo interpretemos como incomodidad.

Escuchar a tu cuerpo puede cambiarlo todo
Escuchar al cuerpo puede cambiar tu energía, tu humor, tu relación contigo misma y cambia la forma en que vives tus días. Tu cuerpo no está tratando de frenarte en la vida, al contrario, está tratando de acompañarte a vivirla mejor.
Y en esta etapa, aprender a escucharlo es parte de tu bienestar emocional y hormonal.







Leave a comment