Redefinir la belleza en esta nueva etapa

El otro día, mientras esperaba mi café en una cafetería cualquiera, vi a una mujer mirarse de reojo en el reflejo de la vitrina, no se estaba “checando”, no se estaba acomodando el cabello, ni estaba posando.

Estaba estudiándose. Con esa mezcla de curiosidad, nostalgia y sorpresa que solo aparece cuando una empieza a notar que su cuerpo ha cambiado… y que ella también.

Me vi reflejada en esa escena. Porque todas hemos tenido ese momento: ese microsegundo en que la luz cae diferente sobre nosotras y pensamos “¿Así me veo ahora?”

Pero lo que realmente duele no es el cambio. Es la historia que hemos escuchado toda la vida sobre lo que significa cambiar.

La historia que nos contaron sobre belleza… y la que podemos empezar a escribir ahora

La mujer de la vitrina se acomodó el saco, respiró hondo y siguió con su día.
Pero yo me quedé pensando: ¿Por qué somos tan duras con nosotras cuando el cuerpo cambia? ¿Por qué lo interpretamos como pérdida, cuando es simplemente vida sucediendo en el cuerpo? ¿Por qué creemos que solo una versión (la de antes) merece llamarse “bella”?

Durante años, la belleza fue una especie de uniforme: joven, lisa, impecable, idéntica todos los días. Un estándar congelado en el tiempo… y completamente desconectado de la experiencia real de ser mujer.

Pero en esta etapa, la belleza está en la que el cuerpo habla distinto, la piel que cuenta historias nuevas y una descubre fuerza en lugares que antes no sabía que tenía, la belleza necesita otro significado. Uno más auténtico.

La belleza que aparece cuando una deja de compararse con quien fue

La mujer de la vitrina tenía ojeras, un par de líneas suaves alrededor de los ojos.
Ese brillo distinto que tienen las mujeres que ya vivieron lo suficiente como para no impresionar a nadie… y que, aun así, siguen mostrando una fuerza silenciosa; y pensé “la belleza de esta etapa no vive en el espejo, vive en la mirada”.

Porque la belleza que importa hoy no es la que se mide con filtros, es la que se siente cuando una:

  • se habla con más paciencia,
  • se viste para sentirse bien y no para cumplir,
  • dice “no” sin disculparse,
  • descansa sin culpa,
  • reconoce la historia detrás de cada cambio,
  • se permite estar en su ritmo.

La belleza ya no es cómo se ve sino cómo se trata.

Redefinir la belleza es un acto de libertad

Mientras recogía mi café, la mujer de la vitrina cruzó su mirada conmigo y sonrió.
No la típica sonrisa de compromiso, una sonrisa tranquila, de alguien que ya hizo las paces con parte de lo que es… y está aprendiendo a hacerlas con lo que está llegando. Y pensé “eso es belleza, esa calma, esa autenticidad”.
Esa energía que ya no se desgasta tratando de encajar en un molde que nunca nos perteneció.

La belleza de esta etapa es más honesta, más consciente, menos exigente y más profunda. Es la belleza de una mujer que ya no se mira para evaluar, sino para reconocerse.

La belleza no desaparece: cambia de presencia

Redefinir la belleza no es intentar recuperar lo que fue, sino darle espacio a lo que es ahora. Es aceptar que el tiempo no nos quita algo…nos revela.

Y ahí, justo ahí, es donde empieza esta nueva definición de belleza…una definición que no compite con el pasado, sino que abraza el presente.

En Viya, la acompañamos a mirarse con esa nueva mirada—
una que se siente como un suspiro profundo después de años tratando de cumplir.

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Hola,

Bienvenida a una comunidad que está convencida de que esta etapa puede vivirse con plenitud, identidad y alegría.
Un espacio donde ninguna mujer tiene que sentirse invisible ni sola.

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